martes, 29 de septiembre de 2009

"Con tus piernas morcillosas"

Eso me dijo una “amiga” el sábado, si es que se puede llamar amiga. Creo que todas sabréis bien lo que es una morcilla así que no creo que necesite aclaración, por no decir lo maravillosamente bien que me sentó, pero de esto hablaré después.

Dado que este es un post muuuy largo, por practicidad he separado los temas por colores.


Ahora vamos con mi hermano… Mi “hermano” pequeño... ¿Qué decir de él? Creo, o más bien estoy segura de que algún día le voy a hacer muchísimo daño, parece estúpido pero me da miedo que se me vaya la mano y matarlo, pero es que me veo perfectamente capaz. Ese pequeño necio hijo de puta, malo como un puto demonio, sucio, guarro, envidioso, rencoroso, irritante… le pegaré la misma patada en la boca que el otro día le pegó a mi perra, “fue sin querer”, “no me dí cuenta de que estabas cuando apagué la tele/luz”. Jamás pide perdón, ni cuando abre el mueble de la cocina y casi te abre la cabeza y te hace un chichón, o cuando te pisa y vas descalza. Disfruta jodiendo, encima sonríe, cuando mis padres no miran por supuesto. No merece ser llamado mi hermano, merece que le reviente y lo haría gustosa, y lo peor es que no sufriría ningún remordimiento. Mientras escribía esto he llorado, me he clavado las uñas y tirado del pelo, pegado puñetazos en las piernas y he aporreado el teclado de mi portátil sobre el que ahora caen mis lágrimas. Por PUTA RABIA, de tener tantos problemas y tener que soportar que un puto niñato de 14 años me hable con desprecio y me trate como una mierda tirada en la calle, y no puedo hacer nada. No puedo contestar delante de mis padres porque no me lo permitirían. Ni siquiera son “mis padres”, es mi madre, él es mi padrastro, con el que debo de cruzar un par de palabras a la semana, y por pura necesidad. Pero todo es justificable con aquello de “es que está enfermo y tú no lo quieres ver”. Vale, él tiene déficit de atención, oh muy god pobrecito, eso justifica que pueda tratarme como si yo fuera escoria, eso justifica que en el fondo de su corazón sea un hijo de puta, porque no puedo llamar de otra forma a alguien que disfruta de semejante forma haciendo daño a los demás sin que le hagan nada, yo le hablo normal y él me desprecia. Él tiene problemas que yo no quiero ver y yo tengo problemas que no quieren ver los demás, me parece que estoy en clara desventaja. Creo que no le haría nada que no se mereciese, y a lo mejor me quedaba corta. Espero no sonar demasiado desequilibrada con ésto, si es así que alguien me lo comuniqué para que me pueda preocupar, pues no ha escrito nada que no sea la más pura y estricta verdad.


Pasando a comentar esta semana y la pasada, empecé la uni. Como hasta la semana que viene no estoy en la residencia de estudiantes voy y vuelvo en tren, así que me voy pronto por la mañana y vuelvo por la noche a eso de las 11. Necesitaba estar ocupada, tener que llevar un horario, obligaciones. Al principio no sabía cómo iba a afrontar la situación de tener que estar constantemente rodeada de gente, sentía verdadero pavor, sobretodo la noche antes. Tuve que probarme la ropa que pensaba ponerme para asegurarme de que me entraba pues es la talla más grande que tengo, en fin, pánico. Esa parte no ha ido tan mal, he descubierto que paso de todo, hasta un punto que no hubiera imaginado. Antes no soportaba llevar algo que pensara que me podía quedar un poco mal, o no ir del todo conjuntada o perfectamente maquillada. Ahora creo que podría ir en chándal y me la sudaría por completo. Podría ser tomado como algo positivo, pero no nos equivoquemos, yo no soy así, nunca lo he sido. Paso tanto y estoy tan desinhibida (no en relación social eh) en cuanto a hacer lo que me plazca en público que me da miedo llegar a hacer el ridículo. Supongo que en el momento en que me saque un moco delante de todo el mundo será el momento de preocuparme realmente.
Eso en cuanto a los días de clase, el problema viene cuando no tengo. Ese día estoy perdida, como si me hallara en un barco en medio de un océano y sin brújula. Me levanto, desayuno, y normalmente en el desayuno ya me descontrolo y me sobreviene el atracón, y una vez el eso pasa el día ya está perdido pues se suele repetir varias veces, entonces me siento tan mal física y anímicamente que no puedo hacer más que pasar el día en la cama. Lo peor es cuando lloras mientras comes y te caen las lágrimas en la comida, creo que es lo más patético de todo. Los días que si tengo clase, a pesar de que estoy tan sumamente apática que ya nada quiero ni me interesa, ni siquiera adelgazar, la mayoría del tiempo no me importa, no disfruto con las cosas que me gustan y por tanto no las hago, ya sólo me quedan las obligaciones, en ellas hallo la única razón para levantarme por las mañanas, ¿no es penoso? Pues bien a pesar de todo esos días me siento mínimamente motivada, lo suficiente como para pasar el día con poco más de un sándwich, por aquello de que o poco o infinito, no tengo término medio, no consigo encontrarlo. Así pasan mis días.
Lo jodidamente malo de la universidad, es que mi padre da clase en el aula de al lado. Creo que tendré que verlo casi todos los lunes, de momento ambos días lo he visto, me lo he cruzado de cara, de lado y pasado a 2 cm. Esto me destroza hasta un punto que no puedo expresar siquiera... Mi madre trata de convencerme de que no lo vea como a un padre porque no lo es, pero no es algo que esté en mi mano evitar, fue un padre maravilloso, atento y cariñoso durante 18 años de mi vida, y de repente un día se convirtió en un demonio y jamás volví a saber o hablar con él. De eso han pasado 4 años. ¿Alguien es capaz de imaginar lo que se siente cuando pasa por tu lado TU PADRE y ni siquiera te mira? Se te parte el alma en mil trozos. Estar dando clase y saber que tu padre está en la contigua, que entre sus paredes resuena su voz…esa voz que tantas veces te dijo "te quiero", es un verdadero infierno, no encuentro otra palabra para describir lo que siento. Ni siquiera posa en mi una mirada, ni un momento fugaz, nada. No existo para él, y sin embargo yo pienso cada día en él, aun sabiendo lo mala persona y maltratador que es, pero hubo un tiempo en que no lo supe y él lo ocultó bien, ese tiempo fui feliz y los recuerdos felices son muy difíciles de borrar.
El lunes pasado me tuve que saltar una clase, y estuve media hora en el baño con un ataque de ansiedad hasta que llegó un amigo a rescatarme. ¿Acaso me lo merezco? ¿He hecho algo tan malo en mi vida como para tener que soportar algo así?
Otra cosa mala aunque para nada comparable es que tengo que hacer un trabajo con una chica a la que odio. Sólo me habla para pedirme apuntes o cuando está sola y se aburre. Ayer en el pasillo me pasó algo que me sentó como una patada en el estómago: pasaba y estaban ella y un amigo, a él sí lo consideraba amigo. Me paro y les digo: ey, ¿qué os toca?, ellos estaba hablando, y digo bueno, los he interrumpido con otra pregunta, normal que no contesten, entonces dije: Bueno, hola. Estaba a su lado, hablé en alto, me oyeron lo juro. Ni siquiera me contestaron, creo recordar que ni me miraron. Creo que por pura educación, aún en medio de una conversación, cuando llega alguien y sobre todo si está solo, se para a decirle hora y se retoma la conversación. Me sentí tan ignorada, tan invisible... encima estaba ya bastante deprimida y susceptible como para tener que hacer grandes esfuerzos por no echarme a llorar allí, otra vez metida en un baño.


Todo eso me afectó también más por lo ocurrido con mis “amigas”, vamos con ello: El sábado era el cumpleaños de mi mejor amigo, lo celebrábamos las que somos sus 3 amigas y 3 personas más que también venían a la cena. Una “amiga” a la que llamaremos Pimpinela mismo, no la veía desde hace tiempo, ella fue la que me dijo que “no vayas tan rápido, vaya si corres con tus piernas morcillosas”. Si me llamas gorda en mi cara no quedas peor, querida. Pues parece ser que esa amiga está enfadada conmigo porque no la llamo para quedar, a pesar de que mi mejor amigo, llamémosle Donald, le dijo que no sólo no quedaba con ella si no que no había salido de casa en el último mes. Ella en vez de pensar “Dios mío, algo le debe de pasar, debe de estar mal”, pues lo que hizo fue hacer patente su enfado mediante algunas indirectas como por ejemplo ofrecer algo a todo el mundo menos a mí, y al decirle yo: gracias, ¿eh? Yo tampoco quería, ella me contesta: ¡uy! Perdona no me he dado cuenta, ni me acordaba de que estabas aquí. Lo peor es que “todo el mundo” era una sola persona, en ese momento éramos 3 en total. O como en la cena que al pasar los platos, a mi misteriosamente se le olvidaba pasármelos. La otra amiga, que se supone que no le pasa nada pero dice las cosas a mis espaldas, llamémosla Milka, colaboró con cosas como llenarle el vaso a todos los de la mesa excepto a mí. Si en el pasillo de la universidad me sentí ignorada, no cabe decir cómo me sentí en la cena, encima a manos de mis “amigas”. Si ya tenía la autoestima baja, y me costaba un mundo salir de casa, lo único que me faltaba era ese tipo de “ayuda”: lo que he contado y algunas cosas más que me guardo. En un momento Donald me dijo que si me quería ir a casa que lo entendería, que no tenía perdón cómo se estaban comportando conmigo. Al final, cabreado él también, hicimos como que nos íbamos a casa y nos quedamos una hora hablando, filosofando, y demostrándome que pase lo que pase él estará ahí siempre. Y es que aunque no haga más que alejarme de la gente alegando que necesito estar sola, en el fondo sí necesito de atención, aunque a veces no respondo de ella necesito que estén detrás de mí, porque yo sola me hundo, y aunque no me haya dado cuenta hasta hace poco, la presión de aquellos que sí merecen ser llamados amigos, es lo único que puede hacerme salir a flote aunque sea obligada y medio a rastras.


Quería escribir mil cosas más, sobre Donald y un poco de crítica social, pero me excedí ya mucho y, aunque esto lo escribo más para mí, todos queremos que nuestros pensamientos sean leídos, valorados y comentados. Pedir que se lea esto ya es demasiado así que si habéis llegado hasta el final, mil gracias.
También a ti si lo lees, Mc, pues eres la única persona de mi círculo que conoce la existencia de este blog y que lo siguieras me demostraría mucho.

1 comentario:

  1. Yo tengo TDAH, que es peor, y no soy así de hijaputa ni nunca la fui. Jamás perjudicó a nadie más que a mí. SI, se merece una patada en la cara, o que le empiecen a desaparecer cosas, o que limpies el inodoro con su cepillo de dientes y cualquier maldad que te haga sentir bien.

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